Artículo de Bruno Galindo

Cristina Narea “Agua”

La primera vez que ví a Cristina Narea compartía el escenario con Nacha Pop en su concierto de despedida, que sirvió para grabar su disco póstumo; era 1988. La última vez que la vi fue hace un rato en uno de esos bares del centro de Madrid donde queda todo el mundo; no existía en aquellos años. La cosa podría servir para reivindicar aquello de que veinte años no son nada. Aprovechemos mejor la ocasión para hacer la observación contraria: dos décadas (y pico) son bastante. Es el tiempo en que se construye una carrera.
En realidad Cristina empezó mucho antes: cuando su Chile natal combatía el trauma de la violencia y la injusticia aferrándose a la poesía y la música; cuando el sueño a realizar era llevar la propia música al mundo del que venían Dylan o Beatles. La hija de la popular bolerista Myriam Schrebler ya había vivido todo aquello antes de establecerse en Madrid; algo después de lo de Nacha Pop ya tenía su primer proyecto aquí: Pecata Minuta, junto al batería Sergio Castillo. También tenía el hábito de juntarse con algunos los mejores músicos de este país y de esos tiempos. Siguen a su lado: también ellos han hecho su carrera en estos veintipico años, convirtiéndose en varios casos en los artistas más exitosos de España.
Siguen cerca de ella, digo, en justa correspondencia porque ella también sigue con ellos, y a algunos se les escucha en Agua. Y cómo va a llamarse de otro modo el disco, si suena fresco, liviano, mineral. Como el líquido elemental, la obra es capaz de ser en algunas canciones vaporosa y leve, y en otras sólida y contundente. Natural siempre, porque su voz cristalina fluye y se abre camino bajo las melodías, sobre las letras, derramándose delicadamente como el agua a lo largo de una cordillera en pleno deshielo. Valiosa la ayuda de los cómplices habituales: Osvi Greco, José Romero, Basilio Martí, su hermano Carlos Narea, Adrián Schinoff, Carlos Brooking,, Paco Bastante, Tito Dávila…
Variado trabajo: tiene, posiblemente, estaciones, como el año. Tiene la poesía –porque es uno de los compromisos de Cristina: tal vez pronto muestre sus poemas públicamente- y tiene el nervio –porque es latina-. Tiene la luminosidad de quien está enamorado de lo que hace, y la avidez por lo que va a venir. Y tiene la nostalgia por lo que pasó y dejó algo indeleble. Ya saben a estas alturas que Narea ha cantado para y con Nacha Pop, Miguel Ríos, Revolver o Sabina. Aquí están otros amigos: Luis Eduardo Aute, Carmen París y Javier Ruibal, todos juntos en el “Volver a los 17” de la recordada Violeta Parra.
En fin: ha pasado el tiempo, veintipico años, y se han sucedido los grupos (unos quedaron atrás, otros perduran); las canciones propias (ya hace cinco años de su anterior disco “Al otro lado”) y las compuestas para otros (Ketama, Miguel Ríos, la argentina Sandra Mihanovic y un largo etcétera). Siempre ha estado ahí, en todo caso; si en todos estos años has ido a ver conciertos con cierta asiduidad, seguro que la has escuchado cantando con alguien. O sola, ya desde hace un lustro. Su voz siempre es diamantina. Su presencia exuda la belleza y la dignidad del mejor oficio del mundo: el de la música..

Bruno Galindo
Madrid, diciembre de 2009

30.01.10 a las 4:23

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El 11.03.10, alguien escribió: